De sus ojos muertos emergía una rata asomándose curiosa, la peste era fulminante y me impedía acercarme... el cuarto oscuro hizo que el sudor frío me helara la espalda... de pronto la puerta se cerró y sólo pude rezar...
Me pregunté: ¿porqué el destino me había puesto en tal situación? y empecé a caminar lejos del cadáver, intuitivamente, buscando la salida, estaba asustado.
De pronto las luces se encendieron, y el languido cuerpo ya no estaba en su lugar, el silencio se había apoderado del cuarto, ni siquiera algún insecto osaba romper el silencio con el sonido de sus alas pequeñas.
Una de las ventanas estalló, una respiración agitada oíase como si estuviese en todo el cuarto y una aterradora risa hizo resonar mi cabeza... tengo miedo, y no sé que puedo esperar... esa mirada al futuro se desvanece segundo a segundo.
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