El millar de pájaros se elevó por los aires, las palomas agitaban sus alas y una suave brisa dejaba sentirse en la piel. Mucha gente me visitaba y hablaban cosas maravillosas de mí. Había uno que otro emocionado pues no querían que iniciara mi vida nueva, mi madre estaba orgullosa, y mi padre también... me hubiese gustado que viniese... pero que se le iba a hacer, no era un hombre de compromisos...
Debo reconocer que me emocioné, estuve siempre presente, en todo momento, desde el inicio hasta el final de mi despedida vistiendo mi traje blanco. Miré una última vez las almas de quienes compartieron sus vidas conmigo hasta antes del accidente, siempre los querré y los estaré esperando...
Me di vuelta y caminé hacia el cielo, dejando el cementerio para siempre...
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