Me aferré a ella y no la dejé ir en ningún momento, voces me decían que la abandonará, que ya era muy tarde, mas nunca perdí la esperanza, ignoré aquellas celestiales voces que me pedían dejarla. Cerré mis ojos para obtener fuerza, para no escuchar a estos seres y cuando los abrí; ya era tarde, estaba muerto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario